15 sept 2009

Diario Vacaciones Lloret (1ª parte)



3er día: El autobusero suicida

Hace unos días que hemos llegado y vualá, ya tengo anécdota: El conductor suicida de autobús o primo de Carlos Sainz, aún no le tengo bien decidido el apodo, es tarea difícil, pero os lo voy a dejar a opción, para que veáis que de vez en cuando os dejo colaborar en mis historias.

Alguien, alguna vez, aunque tan sólo sea una en su vida, ha pillado una curva a tres ruedas? Y diréis vosotros, a 3 ruedas? Sí, del autobús, encima amarillito para que se vea bien, no me extraña que a veces lo relacionen con un color gafe, si es que algunos se lo ganan a pulso para que no le quiten ese adjetivo. Y que explicaros de las rotondas, eso ya es arena de otro costal, porque el bamboleo de lado a lado no tiene precio. Primero me sentí como lanzada al pasillo, eso volando por encima de mi padre (todo esto en plan cámara lenta efecto Matrix, ahí es nada!!), y cuando estaba a punto de besar el suelo, resulta que lo único que acabé besando (más bien morreando) es el ventanal por el cambio brusco de dirección, y ahí estaba yo, con mi cara y las manos pegadas al cristal como un muñequito de coche pero sin ventosas, era la piel que se ha había quedado adherida por la presión… Por radio juraría a ver escuchado “Derecha ras, izquierda ras”

Cuando conseguí desengancharme (debo añadir que si fuera hombre me hubiera dejado los pelos de la barba enganchados, vamos! depilación a lo bestia y con unos pedazo lagrimones colgando que para qué!!), mi mano izquierda, automáticamente, se quedó cogida a una de las partes del bus que aguantaba la ventana, por primera vez me alegré que mis dedos se contracturaran y así no me soltaba por nada del mundo (lo malo llegaría cuando quisiera bajar, a lo mejor me tenía que llevar ese cacho de acero, pero era la menos de las preocupaciones) La mano derecha de vez en cuando se cogía a mi padre, hasta que bajó el que tenía sentado delante y mi mano pasó a cogerse al respaldo del asiento, ahora empezaba a sentirme mejor, exceptuando que después de tantos años sin poder ir a Port Aventura, resulta que tenía mi Estampida particular en Lloret, por tan sólo 1,10 euro que es lo que cuesta el billete.

La suerte fue que el trayecto era corto, pero cuando conseguí soltar mi mano de la barra y bajar, el estado de nervios era de tembleque y tener que reordenar mi cuerpo por dentro (entre nos, tanto vaivén había desbarajustado todo mis órganos, el corazón en el lado derecho, los pulmones girados, el cerebro en los pies), era esstresante... Y los pelos, que decir de los peeeeloooossss, aaaaaaaggghhhhhhhhhhh, cualquiera que me hubiera visto en ese momento pensaría "Qué bien se lo ha pasado la colega, que viene desmelenada", pues va a ser que no!! Afortunadamente tengo un pelo dominable y en un plis plas todo a su sitio...

Os juro que al pisar tierra firme, si hubiera podido, me hubiera arrodillado y habría besado el suelo con un ímpetu de agradecimiento por seguir vivita y coleando…

Alguien sabe de algún santo de los autobuses, al cual dirigir mis suplicas cuando vuelva a coger uno?

"Pa habernos matao!!"

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